Contar historias de miedo para no pegar ojo en toda la noche, claro que sí, que buena idea. Ahí van los tipos y ejemplos más destacados:

hombre invisible

Prueba irrefutable de que el hombre invisible existe.

Si tú me dices ven…

  • Verónica, Carolina, Sandra y cualquier nombre que suene a secretaria macizorra: Si te pones delante del espejo y repites un número determinado de veces el nombre de una tía que mataron por no sé qué motivo, se te aparece y te da matarile. Aquí los rituales son tan distintos como versiones tiene la historia. Está la de las dos novicias Verónica y Carolina que se enamoraron del mismo tío, pero una lo vio antes, así que la otra coge y la mata clavándole unas tijeras con un lazo rojo. Cómo son las mujeres, hay que adornarse hasta para matar a una amiga. Por otra parte, pelearse por estas niñerías, pero si los hombres se pueden compartir y no pasa nada, donde come una chavala pueden comer veinticinco (nota: no pasa lo mismo a la inversa, las tías no se pueden compartir). Así que la difunta, coge y se venga de su compañera en presencia espectral y con las mismas tijeras.

    También está la versión del tío que mata a su novia Verónica porque le estaba poniendo los cuernos y no sabía como decírselo (pues díselo con flores). La única solución posible (si es que cuando no queda otra, no queda otra) es matarla con unas tijeras. La muchacha, un poco rencorosa y retorcidilla ella, coge y se le aparece al novio para vengarse. Si por casualidad se te aparece a ti en el espejo y le has colocado alguna vez la cuerna a tu novi@, te mete las tijeras por el culo. Lo que pasa es que para invocarla, en esta versión, necesitas velas y toda la pesca, y no es plan, vayamos a prenderle lumbre a la cortinilla de la bañera.

    Una última versión te muestra en el espejo tu propia muerte, y si te ves con la misma edad que tienes en ese momento, te da un tabardillo y la diñas ahí mismo para así cumplirse la profecía. Yo agarraría mil duros y me iría de cubalibres, pero eso ya cada uno.

    locaza susto

    Y recuerda: si sales por piernas al jardín porque has visto a Verónica, guarda una mijilla la compostura, que no parezcas una locaza.

  • Tirar doce veces de la cadena invocando a no se qué espíritu: te aseguro que si haces esto a media noche, el único monstruo que puede salir es tu padre en carzoncillos para darte cuatro ostias bien dadas. “¡Digo, la polla…¡ ¡Como está el recibo del agua y no se le ocurre al imbécil que invocar espíritus tirando de la cadena¡ Te compras cuatro velas a que los chinos y te vas al cementerio, que mañana tengo que madrugar.”

  • El Monstruo de la Chueca: Lo primero que se te viene a la cabeza es un conocido barrio de Madrid (Vallecas no, gilón, no me seas de las Alpujarras, hombre), pero la patraña que me contaron no se desarrolla aquí. Por ridícula y sosainas que parezca esta paparrucha, os prometo que no es una inventada: así me la contaron, y así os la cuento. Es la historia de un padre, que por motivos que desconozco, dejó a su hija abandonada en el bosque. Podría ser un niño, pero que le voy a hacer yo si todas las historias de miedo son con niñas. Total, que la cría, a mitad de la noche, cae rodando por un balate y va a dar a un agujero del que no puede salir. Como la criatura tiene que alimentarse, no le queda otra que beber agua de lluvia y comer raíces. Así que pasan varios meses, y la niña, a base de comer cepas, raigones y bulbos, se convierte en un terrible monstruo cubierto de raíces y plantas, cosas de la genética. Y ya está, esa es la historia. No hay ni venganzas, ni cuchillos, ni caras cortadas… nada. Lo único que queda de interesante es que si dices siete veces Chueca te aparece el temible Monstruo de la Chueca. Puede pasar eso, o que tu madre te escuche y piense que estás rememorando en sueños una salida nocturna a Chueca en la que derrochaste alegría en cantidades industriales.

Chanclas monstruo Chueca

Las cómodas alpargatas de andar por casa del Monstruo de la Chueca.

Te voy a dejar la oreja berreando.

Esto es un clásico entre las historietas de miedo. Consiste en captar la atención del espectador (adórnate un poco, tío soso), y en el momento clímax le pegas un berrío en el oído al que tengas al lado:

  • Un hombre para en una mansión para cobijarse de la lluvia, y cuando consigue convencer a la señora de la casa para poder resguardarse, el muy zorrillo se da cuenta de que la mujer tiene en el dedo un lujazo de anillo. Así que el hombre decide pagar la hospitalidad de la señora echándole café hirviendo en la cara para matarla, y así poder robarle. Una vez muerta, no puede quitarle el anillo y le corta el dedo. Al año siguiente pasa por la misma casa y ve las luces encendidas. Decide indagar y allí encuentra a la misma señora con el dedo cortado y con la cara más tostá que un Woper del Burguer King. El hombre le pregunta por la situación y ahí es cuando hay que pegar el berrío de: ¡Fuiste tú, sadiconazo¡ Se puede amenizar el sobresalto con una patada en la cara del que tengas enfrente.

  • Una pareja va a medianoche en su coche y se quedan en la cuneta sin combustible, y el truhán del marido decide ir a por gasofa mientras ella se queda sola esperando en el vehículo. Para pasar el ratillo, la mujer pone la radio, y escucha el noticiario, que avisa de que un lunático de mala estofa se ha escapado del manicomio con un hacha, y con tan mala suerte de que se encuentra por la carretera que transitaba la pareja (no podía haber puesto el Carrusel Deportivo). Se resguarda en el coche e interrumpen su angustia con unos golpes en la luna, para descubrir que hay alguien que machaca contra el cristal una cabeza cercenada. La mujer empieza a cagar agüilla y se pregunta si es su marido el de la cabeza. ”¡No, es la calavera de tu puta madre¡”, y se lo gritas al que tengas a tu derecha, acompañado de un certero codazo en la nariz al que se encuentre a tu izquierda.

caballo empotrado coche

“Cariño, quédate aquí un par de horas que yo estoy en seguida de vuelta con la grúa. Pase lo que pase, no salgas del coche. Ala, un besico”.

Te puede pasar a ti.

  • Después está la historia de “la joven de la curva”, que de lo repetida que está da hasta vergüenza contarla, pero bueno, yo cuento mi versión. La joven de la curva es una triste historia de un chulo que dejó a una prostituta, que además era su mujer, llamada Espanto, Conchi para los amigos, abandonada a su suerte en mitad de la noche en la carretera de la Cabra (Almuñecar, Granada). Los coches, en cuanto ven a una mocica desnuda, se paran, pero cuando ven que la fresca es más desagradable que la matanza de un cochino, pisan embrague y salen a derrape. Espanto, se quita el zapato y lo tira contra el coche, pero no le da. Los que vayáis a la playa en fines de semana, recordad: esto no tiene por que ser mito o leyenda. Así, de primera mano, os puedo decir que tengo cuatro amigos, y dos de ellos ya han sido participes de esta conmovedora y terrible historia.

    joven de la curva

    La joven de la curva, un verdadero drama social.

  • También está la aterradora historia, aunque ésta sí que es verídica (fue noticia nacional), de un hombre que cruzó su furgoneta en este mismo trayecto, en la carretera de la Cabra, para pedir un dinerillo por conceder el paso al resto de vehículos. El ridículo peaje, de tan sólo 300 €, iría destinado a un fines benéficos. El primero de la cola, cuando vio el tema, le dijo: “Prefiero esperar al 2038 a que acaben la autovía Bailén-Motril antes que darte un duro”. Cuando llegó la Guardia Civil, el individuo se excusó diciendo que había cruzado la furgoneta en la carretera porque se le había metido el demoño dentro. En fin, formas que tiene el Maligno de materializarse, que lo mismo te aparece con rabo y tridente, que personificado en un vendedor de higos chumbos motrileños al cual el negocio no le va muy bien. Cosas de nuestra tierra.

    carretera de la Cabra

    Carretera de la Cabra: aquí la joven de la curva te puede salir en cualquiera de los 548 puntos negros que tiene el trayecto.

  • La historia de un grupo de montañistas que acampa cerca de un antiguo hospital en ruinas por las bombas de la guerra (será la Guerra Civil, porque en las guerras visigodas no daría lugar), y a mitad de la noche salen las caras de todos los fallecidos levitando en fuego, acompañadas de alaridos. Si fuera una aventura gráfica dirías “Pues les echo agua de la cantimplora”, pero esas polladas solo se le ocurren a uno cuando está de cervezas.

cara fuego

¡Que el diablo me lleve si eso no es una cara¡ ¡Coño, el que no cree es porque no quiere¡

Vampiros, hombres lobos y más bichos.

No conozco ninguna historia reseñable, salvo las que nos ofrece el cine y la literatura. Pero hace unos meses me conciencié de que estos bichos no existían, ni Frankestein, ni momias, ni vampiros, ni leprosos, ni ninguna pollina de estas, le pese a quien le pese, aunque claro, esto es cuestión de creencias. “Pues sí que existen, porque en el siglo XVII se relacionaban enfermedades como la rabia a patatín, patatán…y el castillo de Drácula existe de verdad y no se qué, no se cuanto… y cuando miras a la luna fijamente después te escuece el culo y bla, bla …”.

hombre-lobo

Hombre-lobo: el ejemplo perfecto de que la expresión “hacer un calvo” es una paradójica forma de hablar.

Otra deleznable entrada de V de Panceta