En un intento por recopilar a los grandes apestados sociales que ha vomitado la historia, hoy vamos a homenajear con un poco de guasa a un grande del ajedrez, Robert James Fischer, un malandrín de mucho cuidado. Para el que no sepa jugar, explico brevemente los movimientos de cada ficha:

  • Los peones son como los sindicatos, inútiles. Los puedes quitar.
  • Las torres se mueven para adelante y para atrás, y para los lados, como los encantos de una tetona montada en un toro-rodeo mecánico.
  • Los caballos saltan en L. Si esto fuera así, las carreras de caballos matarían a la gente de la risa.
  • Los alfiles se mueven en diagonal, como los cojos y los rencos.
  • El rey se puede mover en cualquier dirección, pero limitado su movimiento a una casilla (si la Mar Saura va a palacio, para que te vas a menear más…).
  • La reina tiene libertad de movimiento, salvo en la cama y en la cocina.

Sabiendo esto, no te molestes en pensar mucho, es un juego de azar, como el Remigio o la Mona.

Bobby Fischer Nació en Chicago, en 1943, y sus padres se separaron cuando él tenía 2 años. Hasta ahí todo bien, salvo por el divorcio. Su madre optó por trasladarse con él y su hermana mayor a Brooklyn, Nueva York.

Bobby Fischer

Bobby Fischer en 1971. La película “Searching for Bobby Fischer” no fue protagonizada por Nicolas Cage. Perdió el papel de su vida.

Una tarde, ya a los seis años, se le acabó el Cuadernillo Rubio de raíces cuadradas, y se puso a leer un manual de instrucciones de ajedrez. Se puede decir que aprendió a jugar antes que a limpiarse el culo. La modalidad autodidacta se acabó cuando su madre lo apuntó al Brooklyn Chess Club, donde rara vez perdía una partida, y cuando lo hacía, lloraba encorajinado (No estoy llorando, si es que se me ha metido una mijilla en el ojo).

A los diez años ya ganaba importantes campeonatos juveniles. Le salían copas y chapas de debajo del sobaco. Ya a los trece años ganó la que fue calificada por los expertos como la partida del siglo, disputada contra Donald Byrne (la partida del siglo la gané yo el otro día en mi casa al ronda-robar, qué demonios). A partir de ahí se las vio con campeones del mundo en importantes lizas. A los quince años, además a salirle barrillos en la cara, tomó la decisión de hacerse profesional y vivir del tema. El ajedrez no daba muchas perras por aquellos entonces, pero eso no le importó, y se forjó una fama de niño prodigio, quizá influenciado por Joselito o el Niño Predicador.

A medida que se hacía famoso, se hizo notar con extrañas excentricidades. Se puede decir que era un Pocholo cualquiera. Sus exigencias eran de lo más variopintas: meticulosas condiciones de iluminación, silencios sepulcrales hasta el punto de que peer a destiempo resulte embarazoso, ausencia de cámaras y fotógrafos, y sustanciosas cuantías de dinero en premios (vaya, ni Lewis Hamilton, lo que viene a ser un niño caprichos). Manifestó que no participaría más en los torneos de la Federación Internacional hasta que las reglas no fueran de su agrado, declaración motivada por pensar que los rusos hacían trampas al pactar empates entre sí (lo que viene a ser la jugada de la cabra). No obstante, en 1964, llegó a ganar el Campeonato EEUU.

publico italiano

Si es que los italianos son muy sucios… Ah, no, que no va de italianos.

En la Interzonal de Sousse, prueba clasificatoria para el Campeonato del Mundo, dejó patente que estaba como un azapito: empezó a quejarse de los focos, para acabar finalmente por echar a los fotógrafos. Ya en otra ronda se negó a jugar por motivos religiosos (el Sabbath es sagrado para los hindúes), y perdió varias partidas por la rabieta. Volvió, pero exigió que se le computaran las partidas no jugadas como nulas, siendo calificada esta propuesta por los jueces como engañifa (“Ahora te tocas la polla”). El chiste le costó su presencia en el Mundial. Pero para que el Niño Caprichos pudiera presentarse, la Federación se atocinó y permitió que un pardo de su equipo le cediera el puesto.

Así, en el Campeonato Mundial, disputó varias rondas y consiguió llegar a la final contra el soviético Spassky (el nombre suena a excelente comida para perros). Con una Guerra Fría de por medio, la prueba fue nombrada como el Encuentro del Siglo, y se celebraría en Islandia, provocando un enorme revuelo mediático, hasta el punto de interpretarse que la guerra se disputaría en el tablero (joder, que interpretación más pobre). Y aquí empezó otra rabieta del Niño Caprichos: llegó diez días tarde, casi le eliminan, empieza a perder y le echa la culpa a los fotógrafos, se queja del zumbido de una cámara oculta en no sé dónde, que si aquel hombre con un ojo de cristal me desconcentra, que si se me ha metido el tanga por el culo y no se por qué raja meterme el elegante trapillo… Al final se hizo con el campeonato mundial, 200.000 pavos, un kilo de naranjas guachitonas y un placentero viaje a Matalascañas. Después se volatilizó, desapareciendo del panorama público.

La Roca pelicula

“Wuspid, soy Womack, ¿y Meson?” “Volatilizado” “¿Qué? ¿Volatilizado? ¿Puede un hombre volatilizarse?” “Hostia, Womack, pues claro, coño”. (La Roca, fuente eterna de sabiduría).

En 1972, tras varios años sin saberse de él, le tocó defender el título mundial frente a Karpov, pero sus altas exigencias fueron nuevamente rechazadas, cediéndole así el cetro al soviético. Nunca llegaron a enfrentarse, quedando así la duda de quien ha sido el mejor ajedrecista de la historia, si Bobby, Karpov, o yo mismo.

Tras varios años más de ausencia, reapareció para enfrentarse al MIT (un ordenata). A partir de aquí comenzaron sus problemas con la ramera Justicia: denunció a una editorial por publicar cosas que no le gustaron, y fue detenido como sospechoso de atraco a un banco, al parecer, por un error policial, o por falta de pegamento en el bigote postizo, a saber. En el 87, una resolución del gobierno norteamericano reconocía a Fischer como Campeón del Mundo de Ajedrez, pero el Senado la retuvo. Además patentó el Reloj Digital Fischer, prototipo estándar de la Federación, pero no le dieron ni un correazo por la patente. En 1992 denunció que su país se negaba a dejarle jugar un torneillo en Yugoslavia. Cogió el papel de la orden y le echó un pollo verde ante las cámaras (haciendo amigos, menudo perla). Ganó el torneo, y esto le costaría 10 años en el trullo si volvía a pisar EEUU.

pelea senado

“¡Como su señoría no reconozca a Bobby Fischer como campeón, le doy un lambreazo que da la vela¡”.

Años más tarde presentó una propuesta llamada “Ajedrez Aleatorio Fischer” con la intención de suplantarlo por el ajedrez tradicional. Esto me recuerda bastante a una anécdota que aconteció cuando era un repollo y estuve en las colonias: un monitor llamado Paco, con la premisa de que todo el mundo pudiera jugar al baloncesto con independencia de su altura, suprimió este deporte y se inventó el Paco-basket, ahí sus huevos. En fin, que ascazo.

Alina Kavaeva

“Ahora, en vez de canasta, hay un aro, y el chumino de Alina Kabaeva será el tablero” “Pero coño, Paco…”.

El 11 de Septiembre de 2001 concedió una entrevista en Filipinas, en la cual hacía apología de los atentados de Al-Quaeda en Nueva York (menudo pieza, una más y lo hacemos pancetero honorífico). La gracia le iba salir cara, porque en 2005, con 62 años, fue detenido por los servicios de inmigración del aeropuerto de Japón, y estuvo enchironado casi un año en este país. Tras una jugarreta jurídica, se nacionalizó islandés, y consiguió salir del truño. Una vez en la isla, puso el culo pa fuera y empezó a echar pestes de su país natal: que si George Bush era un criminal, que si el presidente de Japón era un títere bastardo, y algunas lindezas más. También tiró una zapatilla a la cara de su presidente (esto último lo he debido confundir con otro acontecimiento). Su última aparición pública se produjo vía telefónica con una llamada a un programa de televisión, para dar con una jugada ganadora en una partida de ajedrez que se retransmitía en directo, y así demostrar que todavía pululaba por ahí.

Jorge Hardcore

“…Cxd4 a6, y Jaque-Mate” “…Eh…, ya, pero esto es el Diario de Patricia, y dudo que eso ayude al invitado de hoy”.

El 18 de enero de 2008, un Fischer con demencia senil avanzada y que jugueteaba con la indigencia, moría en Islandia a los 64 años, tantos como casillas tiene un tablero de ajedrez. Al sepelio acudieron su novia y cuatro personas más. Una vida en blanco y negro.

Otra deleznable entrada de V de Panceta