Gente palmando. Sí, bueno. Gente palmando por todas partes y qué quieres que te diga. Me imaginaba que el Apocalipsis sería otra cosa. Esto es mucho más cutre que en las películas. Debe ser el estilo patrio. No sé. La consagración de lo kitsch. El estrambote español. Me esperaba algo diferente. Simplemente.

Ya sabéis. Visualizaba mucha sangre por la boca, muchos gritos, gente que se abraza desesperadamente en el postrer momento, declarándose amor incondicional ante el último suspiro generalizado. Sería lo esperable. Estilo Hollywood. Pero no. No he visto nada de eso. La gente corre, eso sí. Se escojonan por las aceras, del reprís. Hay vidilla por las calles. Aun así, no es muy emocionante. Se trata solo de personas muriendo un poco a tutiplén. Sin ton ni son. Cuando ha caído la primera bomba yo he dejado de mojar sobaos en el café y me he desperezado completamente. Tenía sueño y pocas ganas de gaitas, pero me he dicho, “¡Ey, tío, no casca uno todos los días! ¡Suelta ese maldito bollo, despiértate y sal a disfrutar a la calle!”. Así que he salido. Y luego todo el mundo chillando como descosidos. Desgañitándose. Qué horror. Si sobreviven, la mayoría van a tener que ir al foníatra por lo de los nódulos. Eso es un incordio. Seguro que ni han caído en lo molesto que es. Mi presunto padre estuvo un año hablando como el padrino por su mal hábito de gritar a mi madre. Total, para lo que le servía. Ella seguía zumbándose a todo quisqui que pasaba cerca del túnel de sus piernas. En cualquier caso, sé de qué me hablo. Y nunca te recuperas del todo. En las raras ocasiones en que mi padre se reía melancólico (mientras se limaba los cuernos con una lija del siete), parecía el perro ese de los autos locos: Pulgoso.

harry potter se pilla un huevo con la puerta

¡¡¡KIEROOO IRR A MULTIOPTICASSS!! ¡¡¡KIERO UNAS GAFASSS DE ESTE SIGLOOO!!!

Bueno, la verdad es que yo no me esperaba morir tan pronto. Sólo eso. Nadie medianamente cuerdo quiere palmar joven, eso es un hecho. ¿Sabéis? yo me veía… no sé. En plan, en una cama con todos los hijos de los amantes de mi mujer alrededor de mi lecho de dolor, con cara de preocupación por la mierda de herencia que dejaba y el coñazo que supondría mi entierro. Como esperando que palmara cuanto antes para no dilapidar aun más mi eximia herencia. Pero no ha habido suerte.

Y esto me desborda, claro. No es que me horrorice morir por algún dilema metafísico. Es que no me apetece. Sé que suena muy típico pero aun me faltan cosas por hacer. Cosas filantrópicas. Como apadrinar una rata de alcantarilla. Como donar parte de mi sueldo para la financiación ilegal de las Diputaciones. O también cosas guarras. Sobre todo, me interesan las cosas guarras. A la humanidad que le den por culo. Por culpa de la arrogante humanidad estamos como estamos. Una autarquía de cucarachas es lo que instauraba yo. Pero follar, lo que se dice follar… he follado muy poco. Al menos en relación a otra gente más suertuda. Y siempre le queda a uno ese afán de revanchismo, de desquitarse. El saldo del debe en temas de aprete es demasiado notorio. No me permite morir en paz.

lindsay lohan guarreando

“Perdona, ¿eres Lindsay Lohan?”, “Peace”, “si, si eres, mira es que no quiero morir siendo la única persona de este hemisferio que no te ha metido el nardo, que eres más fresca que el relente en el Aneto”, “Peace”.

¿Que qué pasó? Pasó que los fundamentalistas radicales se cansaron de nosotros. Del mundo que les ofrecíamos. Era esperable. En cuanto Irán hizo la primera bomba atómica, se la vendió a precio de saldo a Bin Laden y sus compinches. Vaya negocio. Por lo visto la han vendido por diez veces lo que costó fabricarla. Eso es dinerito. Debía haber estudiado para ingeniero nuclear. Qué pocas luces. Falta de previsión. Ahora estaría en un cohete, dirección a la luna, al fin libre de la odiosa raza humana que tantos sufrimientos me ha causado. El caso es que después de eso, los americanos declararon la guerra preventiva a Irán. En su estilo. Ellos a lo suyo. Creo que guerra preventiva es una contradicción en los términos, si no me equivoco. Algo así como “inteligencia militar”. En fin, qué se yo. Después tiraron unos cuantos petardos de advertencia y los iraníes se picaron. Qué poco sentido del humor. Y allí empezó todo. Ahora toca guerra mundial. La última.

Los primeros objetivos han sido Inglaterra, USA y España. Supongo que por la fotito de las Azores. Me cago en la puta madre de los políticos con sus corruptelas en pos del poder. Ahora somos objetivo prioritario por su mierda de ansias imperialistas. Por salir en la foto. Por rascar alguna hectárea desértica con sustratos rellenitos de petrodólares. No me jodas.

asquerosos

Busca las siete diferencias entre esto y lo que vomite yo el otro día por exceso de vodka Wrawrinka

Me pongo a correr por la calle. No sé. Nunca he sido un deportista, pero ahora es como que me siento atlético, renovado, capaz de todo. Justo cuando menos sentido tiene. Qué bonitas las batallas perdidas de antemano. Como esa paja del perdedor, cuando llegas a casa de día, ciego como un piojo en el cojón de un vampiro, y te la intentas sacudir. No te corres ni a tiros, claro, pero tú sigues ahí bregando, inasequible al desaliento, rayando en la demencia. Al final, o consigues echar el triste moco por el matraz de carne, eso sí, sin sentir absolutamente nada, o bien te quedas torrija con el papel higiénico sobre el pecho. Tu madre entra, a la mañana siguiente, te encuentra con los pantalones por las rodillas, papel higiénico en el pecho, apestando a whisky barato, la baba etílica colgando en las comisuras y te pregunta, ¿qué haces así? Y tú tienes que contestarle, con cara de circunstancias, “pues mira mamá, si no me estaba intentando cascar tremendo gallolo anoche, ya me dirás tú. ¿Tal vez me dormí justo cuando intentaba sonarme el boniato porque ví que echaba un poquico líquido preseminal y temí que pudiera estar empezando a acatarrárseme el pijo?

A los cinco minutos de hacer el cateto correteando por la calle me paro, asfixiado. Quería dejar de fumar, pero ya no me va a dar tiempo. Qué desperdicio de juventud. A la mierda. Me enciendo tres ducados a la vez. No me cogerán con vida, ¡cabrones!

Continúo andando y me sorprendo de lo guarros que son los bombardeos. Hay muchos trozos de personas por todas partes. Qué asco. Cuánta sangre tenemos dentro. Cuánto grumo sanguinolento. Parecemos barriles de menstruación. Esto es un no parar. A ver si se acaban las guerras. Esto no debería permitirse. Es muy poco estético. Me viene a la cabeza la frase de Einstein sobre las guerras: “No sé cómo será la tercera guerra mundial. Pero sí puedo decir cómo será la cuarta: con piedras y palos”. Cómo sabía el tipo. Le daba al coco bien. Después de aniquilarnos unos a otros no va a quedar nada. Así que nos pelearemos con lo que pillemos. Qué tristes. La única especie que se autodestruye a sí misma. Eficientemente. Menudos imbéciles.

pareja feliz

“Romualdo, ¿tu sabías que los humanos son la única especie que se destruye a si misma?”, “¿Por eso tengo ganas de reventarte a pollazos?”

A mi me gustaban las tiras cómicas de Chumy Chumez. Era siempre un neurótico. Muy hipocondríaco y cagón. Siempre esperando palmarla. Siempre asustado. Yo también solía tener miedo por todo, pero ahora se me ha quitado. Es que me voy a morir y no me merece la pena a estas alturas tener ansiedad por eso. Mejor irse haciendo a la idea. Serenidad de espíritu. Qué se le va a hacer. Más cornadas da la esposa.

“¡Ay, ay! ¡Ayúdame por favor!”-, dice la señora gorda que cuelga del árbol. Quiere que le acerque su brazo. Qué apego por los bienes materiales. A ver de qué le va a servir a estas alturas tener su brazo consigo. Se encariña uno con algo y no es capaz de aceptar que ya no puede tenerlo. Es como cuando las novias te dejaban con dieciséis años y tú te empecinabas en volver con ellas. Y las veías besándose con otros. Y llorabas más. Pero seguías queriéndolas. Hasta te sabías capaz de perdonarlas al instante e intercambiar enzimas digestivas con el tipo al que se abrazaban hacía unos minutos. Todo por pura obstinación. Somos todos idiotas. Los tíos especialmente.

Le acerco su brazo a la gorda y ella lo agarra con los dientes. Como puede. Pobre. Continúo mi paseo despreocupadamente. Hay que relativizar el drama. Hace una mañana estupenda. Mucho sol. Calorcito. Si tenía que morirme este es un día idóneo. Es mejor esto que palmar con un frío horrible, medio congelado, abandonado sobre la acera, como condón huérfano sobre asfalto de parking universitario. Qué quieres que te diga. Puestos a elegir… Con buen tiempo, todo se sobrelleva mejor. El que no se consuela es porque no quiere o porque va tan ciego que el clímax onanístico es una utopía.

mujer damnificada

“Poyatos, ¡¿Qué haces con mi parte de abajo?!, ¡¡cochino!!”, “si no la estás usando socia”

¿Y por qué habrá guerras? ¿Por qué se presenta la gente? ¿Acaso te hacen fichar? No me lo explico. Todo son decisiones de los políticos. El pueblo es un pelele. Resoluciones escritas, tomadas desde un despacho funcionarial. Los políticos no van nunca a luchar en el frente. Bueno, vale. Ha habido algún político medio chiflado que antes de ser político luchó en el frente. Pero eso no me da ninguna tranquilidad. Así se han quedado. Nos gobiernan auténticos cafres. Unos enfermos. Si los ciudadanos de a pie pudiéramos ser presidentes, no habría guerras. Habría condones gratis. Putas subvencionadas. Exenciones fiscales. Barra libre de cerveza y vino peleón en los Servicios Sociales. Probablemente sería una mierda de gestión, no lo niego, pero no habría guerras. Lo de bombardear al vecino es producto de mentes pobres. Imperialistas. Pretenciosas. Habas con chorizo lo-comía. No sé qué más. Se me dan fatal los adjetivos. A la mierda con ellos.

Cae un petardo. Uno gordo del copón. Como no me lo esperaba, he salido volando un montón de metros hacia atrás y me he caído de culo en un contenedor. Joder. Era de envases y algún cabrón ha echado vidrio. Qué insolidarios de mierda. Mira que nos explican bien que hay que separar las basuras para que los ayuntamientos se ahorren la pasta en reciclaje de residuos y los alcaldes se lo puedan gastar en candidaturas olímpicas perdidas de antemano y en trajes a medida por la gorra. Me he clavado una litrona en el culo. Parezco un ñu sodomizado por un elefante: me sangra el ojete profusamente. ¡Qué bello manar el de mis nalgas! Con este dolor de posaderas, ya puedo morir en paz. De hecho, lo deseo.

niños reciclando

“Killo te dije que había que comprar más kalimontxo”, “calla rufián y tira la botella en ese boquete mismo que viene mi madrastra”

Me incorporo como puedo. Aunque preferiría quedarme allí metido. He estado en sitios peores. Pero huele mal. Cosas que se pudren. Cosas que no deberían estar allí. La gente es desconsiderada. Echan en los envases lo que les da la gana. He visto a colegas echar cáscaras de cacahuete en la papelera de envases. “¿Pero qué haces, cabrón?”, les he dicho. Y me han contestado que las cáscaras de cacahuete envasan al cacahuete así que son envases. He oído el mismo argumento para las cáscaras de plátano. Y para los rizos apestosos que circundan a los cojones masculinos. La madre que los parió a todos.

Sigo paseando. El culo me duele como si lo hubieran usado de diana los de la asociación del rifle o la vieja troupe del Arny. Menudos hijos de puta. ¿Armas para qué? Son como juguetes en manos de niños retrasados. Qué harto estoy de todo, coño.

Suenan petardos gordos a lo lejos. Qué poquito nos queda. Qué alivio. Me paro un momento. Veo una mano. Una mano de mujer. Muy bonita. Estilizada. No tiene pinta de haber ido unida a un brazo rechoncho. La cojo. De un extremo sobresale algo como carne picada. Gotea. En el otro, tiene un anillo muy bonito. Lo saco con esfuerzo. El dedo se ha quedado tieso y cuesta sacar la sortija. Contemplo el anillo. Tiene que ser de los caros. Qué pena no tener novia. Con este anillo seguro que se volvería loca de contenta. Me dejaría hacerle cosas degeneradas en compensación. En el fondo, es una pena palmar ahora. No sé. Yo hubiera querido escribir un libro o filmar una película. Aunque fuera porno. Casi prefiero la porno. Eso de dejar tu marca en la tierra. Aunque sea un lechazo en HD de tu película guarra. Pero pensándolo un poco, si el mundo se va a acabar, da igual lo que hayas hecho. Todos los logros humanos. No quedará ni rastro. Aunque hayas escrito libros acojonantes. Dirigido películas buenísimas. Con todo quemado y arrasado, no quedará constancia de tu arte. Todo a la mierda. Es como no haber existido. Igual que todos esos cadáveres en las fosas de Auschwitz, que no se sabe ni quienes son. Pues tú lo mismo. Y lo mismo con los discos de los Stones, las pornos de Sasha Grey, los cuadros de Pollock, el Balón de Oro de Messi. Bueno, hay que ser optimista. Que desaparezcan por arte de magia todos los títulos del Barca en el último año no está tan mal.

messi flipandolo

“WILLY NOOO ESE MURO ES MU ALTOOO PIVEE”

Me da un poco de pena que todo se acabe. Lo pienso y me pongo melancólico. Mejor no darle vueltas. Al fin y al cabo es algo que tenía que suceder. Tarde o temprano. ¿Qué cambia que conlleve la extinción de la humanidad? Sigo andando y me encuentro una tienda de frutos secos con la entrada arrasada. Entro con cuidado para no clavarme los cristales, pero cuesta. Saco una cerveza de la neverita. Está tibia. Mecachis. No todo puede ser perfecto el día del fin del mundo. Cojo una bolsita de plástico y engullo patatas fritas artesanas copiosamente. Están intactas. Qué suerte. Salgo de allí.

Ando un poco. Me bebo media cerveza de un trago. Debería haber cogido más. Parezco tonto. Las patatas bien, pero no tienen casi sal. Qué sosez. No he caído. Los tenderos siempre te echan la sal en el momento de comprarlas. Para no joder a los que tienen tensión alta y eso. Pero así no es lo mismo. Además, si tienes tensión, qué coño haces comiendo patatas fritas grasientas. Como si fueran sanas. Tiro la bolsa de patatas con fuerza al suelo. Mierda. Todo me sale mal. Y encima me voy a morir. Yo quería escribir un libro. Yo quería dirigir una película. Pero nunca pasé de los cuadernos Rubio y del Cinexín. Me cago en mi sino.

La calzada está un poco fea. Desmejorada es la palabra. Mucho adoquín, mucha sangre y mucho trozo de no sé qué suelto. Hay edificios en los que han caído las bombas de lleno y al explotar han parecido piñatas de cumpleaños. Regalitos por todas partes. Sálvese quien pueda. La de cables y filetes que tenemos dentro. Agüita.

Llego al videoclub. Puertas abiertas de par en par. La chica que atiende, amoratada e inmóvil en el suelo. Cigarro tieso en la mano. Se habría salido a echar un cigarrito. El tabaco mata. ¿Ves? Me asalta una idea transgresora. Coger el último Call of Duty, para no desentonar, e irme a casa a echar unas partiditas antes de que todo se hunda. Desecho la idea. Seguro que no hay suministro eléctrico ni nada. Mierda de guerras. No me canso de decirlo.

donnie darko tio

“Tu no quieres el Call of duty, tu quieres ver Donnie Darkooo”, “Pues no, ya la he visto además”, “quieres verlaaaa”, “Qué no ostias”, “peliiiccculaa”. Estado mental de los videocluberos en estos días aciagos para ellos.

Cuando llego a la altura de la gasolinera me vengo un poco abajo. Tipos chamuscados tirados en el suelo. En posturas extrañas. Como retorcidos. Parecen figuras de cera. Debían estar echando gasolina cuando cayó el primer petardo. Huele como a pollo frito. También a tostada quemada. Los tipos que planifican los bombardeos son listos. Macabros de cojones. Unos completos hijos de puta. Van a por gasolineras y aeropuertos. Jodiendo bien las infraestructuras de comunicaciones. Evitando posibles contraataques.

Entonces, mientras estoy intentando mangar una bolsa de doritos tex-mex de la gasolinera, abriéndome paso entre los escombros, pasa. Eso no es un petardo. Es el holocausto. El fin. Pega una hostia de sonido tremenda. Pero yo ya no oigo nada. Bueno sí. Como un pitido agudo. Una especie de stand-by. Como si se te acopla un marcapasos, supongo. Tengo las orejas mojadas. Qué extraña sensación. Me toco. Es sangre. Joder. Adiós tímpanos. Veo una nube enorme desde muy lejos. Como los videos del 11-S esos en los que todo se cubre con una cortina de humo. Pero esto no es sólo humo. Van pedruscos, argamasa y mierda metálica por dentro. Según se va aproximando a mí la marea de escombros, veo ladrillos, hierros retorcidos, arena y mierda a raudales que destrozan todo a su paso. Voy a palmar. Sí o sí. Esto se acaba. No hay nada que hacer. Es como asistir a una ejecución a cámara lenta. Me hubiera gustado estar borracho. Tenía que haber cogido más cerveza. O una botella de whisky. Sí. Eso hubiera estado bien. Qué falta de anticipación ante el final que se avecinaba.

La nube viene. Rápida que te cagas. Y el cielo se ha oscurecido. Así, de repente. Una noche artificial nos envuelve. Huele raro y hace calor. Un calor angustioso. Esto es una bomba atómica. Seguro. Que los supervivientes se preparen. Id haciendo acopio de piedras y palos. Una nueva era comienza. Si es que queda algo después de esto. Dicen que las cucarachas son el único bicho que resistiría un ataque nuclear. Tal vez estemos en los albores de una nueva superestructura poblacional presidida por cucarachas. Sabrán llevar el mundo mejor que nosotros. Peor es difícil. Para muestra, un botón.

Ruido. Mucho ruido. Se jode todo, caemos lentamente. Un estruendo como de montañas cayendo, como de almas desangrándose en la oscuridad. Me muero. Probablemente, todos estamos igual. El mundo no es un lugar maravilloso, pero reconozco que existir ha tenido su punto. Me hubiera gustado seguir danzando algún tiempo más. Pero así son las cosas. En última instancia todo es drama, todo es pérdida. Tragicomedia. La existencia es una agonía paulatina mantenida con alfileres. No se puede hacer nada para solucionarlo. Siempre ha sido así. Se te quiebra algo por dentro sólo de pensarlo. No somos nada. Esa frase siempre me ha gustado. Y ahora, más que nunca…

Otra deleznable entrada de V de Panceta