Corpúsculo

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Atrapar palomas, como tantas otras cosas en la vida, tenía su técnica. En general, las palomas eran animales estúpidos que agitaban el cuello ridículamente, ululando de un lado para otro, cagando aquí y allá, sin preocuparse demasiado por nada. Si te acercabas un poco parecían lentas de movimientos, pero si intentabas echarte encima solían escabullirse en el preciso momento en que creías tenerlas al fin bien agarradas. Con lo cual, suponía un jodido engorro cazarlas. Energías malgastadas inútilmente. Pero algo había que hacer cuando tu maldita tripa rugía sin cesar, cuando necesitabas urgentemente sangre fresca para beber. Eran tiempos difíciles. Casi siempre lo son, qué cojones.

corpusculo

“¡¡QUESCUCHAS!!”, “El último de Shakira”, “¡¡¿EL DE LA LOBA?!!”, “Sí”, “¿ME LO PASAS POR BLUTUS?”, “¿Tienes que ser siempre tan intenso?”

Edward Cullen pasándolas canutas en el mundo real. Persiguiendo palomas mugrientas. El tiempo pasa para todos. La fama no dura eternamente. Qué mala es la necesidad. Si al menos estuviera cachas de cojones como aquel presuntuoso de Jacob Black, podría crujir a una de aquellas malditas ratas del aire de una colleja. Un mandoble fatal y a tomar por culo bicicleta. Le había visto hacerlo varias veces sólo por mero entretenimiento. Luego le tiraba la mugrienta paloma cadáver a la cara y le decía “ya tienes cena, carroñero” o “¡que te den por el Cullen, pringao!”. Cómo odiaba a ese cabronazo engreído. En cualquier caso, el mundo no estaba diseñado para la plácida integración social de los vampiros de nueva generación. Al menos, no a largo plazo. Sí claro, no lo iba a negar, en su tiempo las películas habían sido taquillazos considerables. Eso supuso mucha pasta. Billetes que entraban a espuertas y que luego servían para comprar muchas pintas de sangre en los mercados de transfusiones ilegales. Whisky a mansalva. Todas las putas que quisieras pagarte. Y por supuesto las fans niñatas siempre suspiraban por que los jóvenes y apuestos vampiros las prestaran la más mínima atención. Ahí estaba el sádico hijo puta de Jacob en sus mejores tiempos: de vez en cuando escogía a una fan al azar, la subía a la habitación del hotel, pedía sangre cosecha de primera en el servicio de urgencias más cercano, y comenzaban las vejaciones. Unas veces las cagaba encima y las obligaba a degustar el cerote a la fuerza. Otras veces las decía que no quería follar, que se estaba reservando para el matrimonio para luego follarlas el culo con el dedo gordo del pie. Excentricidades así. En otra ocasión, en una premiere en Moscú, tenía un trancazo tan grande (y además estaba resfriado) que se entretuvo desnudando a dos veinteañeras y escupiéndolas en la jeta flemas verdes y espesas, densas como pubis de nutria hasta que se hartó de proyectar gargajos. Por supuesto, las chicas estaban encantadas de que aquel cabrón las dedicara todas sus atenciones, aunque fueran sólo las espúticas. En fin. Todo muy degenerado. Tiempos de excesos que habían quedado atrás demasiado precipitadamente. Ahora sólo reinaba la soledad, el vacío y la tristeza: compañeros de viaje de vagabundos, locos y suicidas.

tio feo de negro

En esta foto podemos ver a un murciélago puesto de quetamina abrazado a un buen coño, pero lo más interesante es como en la pancarta de atrás a la pánfila de turno se le ha olvidado poner la “i” de Kiss me y la ha metido con calzador.

La verdadera medida de un hombre, el auténtico valor de las personas, sale al exterior cuando nuestra suerte se acaba. Y ahí estaba Edward. Un maldito paria, caminando sin rumbo por las calles pútridas de una ciudad sin esperanza, intentando atrapar palomas para conseguir el cáliz de su fétida sangre animal. Al final, cuando vienen mal dadas, todo se convierte en una ecuación recurrente en términos de subsistencia. Eso y el recuerdo. Rememorar tiempos dorados. Cuando pasas más tiempo recordando que viviendo el presente, ya sabes que tu momento ha pasado. Pero la evocación era inevitable. Cómo no conmoverse ante el éxito de masas que alcanzaron con “Corpúsculo”, aquella cautivadora historia del vampiro cirujano que subsistía a base de succionar la sangre resultante en las operaciones derivadas de los folículos pilosos infectados en el recto anterior de sus pacientes. Y cómo olvidar aquel peliculón, “Lana nueva”, que abordaba el siempre comprometido tema social de la zoofilia con ovejas recién trasquiladas, al tiempo que eran vaciadas de sangre durante la cópula por la letal mordida en sus genitales ovejiles. Sí, había que reconocerlo, sus películas pasarían a la historia como obras maestras del séptimo arte, nadie podía negarlo.

El drama venía después. La problemática situación social vampírica era digna de un documental de Ken Loach o Al Gore. ¿Cómo cojones subsistir cuando la fama, las fulanas, los billetes y las pintas de sangre donadas febrilmente por las fans dejan de amontonarse en tu puerta? Pero claro. Eso era un problema de minorías. A nadie le importaba. Ya estaba el capullo de Michael Moore dando el porculo con sus luchas pajilleras. Que si guerras de ocupación. Que si sistema sanitario americano sólo para los ricos. ¡Al menos eran cuestiones debatidas socialmente! ¡Pero qué pasaba con los vampiros! ¡Si ni siquiera había un censo vampiril! Ya no hablemos de sanidad. Una vergüenza. Así transcurrían los días para esta raza condenada al olvido.

hombres lobo de luna nueva

Conjunto de hombres bobo de Luna nueva, todos con el pecho depilado, me cago en los tontos.

Unos se lo habían sabido montar mejor que otros, no cabía duda. Algunos personajes del reparto avispados, como Angela y Jessica, se habían recolocado como bedeles en hospitales. No tenían más que acudir diariamente a los contenedores sanitarios de desechos humanos a última hora y el problema de la comida quedaba resuelto permanentemente. Victoria y Jasper se hicieron técnicos de UVI móvil. Cosas por el estilo. Había que agudizar el ingenio. Por su parte, el cabrón de Jacob, que siempre había sido un vago irredento, se hizo maestro cunilingüista de mujeres con el periodo. Como era un ligón eficiente de cojones, no tenía más que ir preguntando por los bares y discotecas a las chicas si tenían el salmorejo. En cuanto la respuesta era afirmativa no lo dudaba. Al catre que iban. Luego se ponía ciego. Solía elegir a las gordas, dotadas de un caudal menstrual inagotable. Algún otro hijo puta tuvo más suerte. El jodido Carlisle se echó una novia hemofílica. Aquello era el acabose. Cada dos por tres se daba festines improvisados cuando la otra sufría sus desmayos y empezaba a echar sangre por la nariz, la boca, el coño, por donde fuera. En fin. Quien más quien menos se habían ido recolocando. Pero Edward era un inadaptado. Lo primero, que era gayer, con lo cual, la alternativa menstrual no era consumable. Y luego, era un hombre muy introvertido. Siempre le había costado muchísimo abrirse más allá de los platós, relacionarse socialmente en el mundo real de ahí afuera. Sí se abría frecuentemente para meterse algún buen nabo, pero apenas tenía que hablar con aquellos tipos que eran suministrados en oleadas como por arte de magia por el mundo de la farándula. Aquella buena vida parecía ahora como un extraño sueño, un espejismo demasiado vívido para ser verdad.

Por eso ahora pasaba sus horas persiguiendo palomas. Muriéndose de inanición. Matándose a pajas en cuartuchos de pensiones inmundas. Inmerso en una contínua remembranza sin fin. Se sentó en un banco del parque. Miró al cielo. Grises nubes emponzoñaban todo aquello. Los haces de luz se retorcían a duras penas entre los pegotes negruzcos, intentando abrirse paso entre tanta inmundicia invernal. No se veía gran cosa. Ni firmamento cautivador, ni esperanzadores horizontes, ni puntos de fuga eternos, ni leches. El cielo parecía un cerote extendido caprichosamente sobre el inodoro de la desesperación, una instantánea fotográfica con el color desaturado ambientando a la perfección el tufillo cutre del presente errante. Alzó aún más la vista, como si fuera a encontrar algo más allá de tanto nubarrón insulso. Una paloma le cagó. Le acertó en plena cara. Un hilillo fecal entre marrón y blanquecino fue cayendo por su rostro al bajar Edward el mentón en busca de un pañuelo. Se congestionó del cabreo. Pero poco. No tenía mucha sangre en el organismo. Algunas cucarachas de la pensión, un tampón usado en una papelera y una rata gorda que le había atacado un par de noches antes en el callejón eran sus últimas comidas. “¿Hasta cuándo se puede seguir cayendo?”, pensó. “¿Cuál es el límite de la humillación y decadencia humanas?”. No buscó respuesta. Sabía que a fin de cuentas, poco importaba lo que pensara. Se inclinó ligeramente hacia la derecha en el banco. Se tiró un pedo generoso, abrasador. Le quemó bien el culo. Y eso fue todo.

Otra deleznable entrada de V de Panceta

15 Comments

  1. Me declaro con orgullo totalmente ignorante en el tema Crepusculo, no tengo ni puta idea de nada, bien por mi. Por cierto Poyatos, las mujeres no pueden tener la hemofilia, pero te perdono porque como salen vampiros es un relato de ciencia ficción XD.

  2. Malditas palomas que me cagan en el balcón. Y qué decir de sus heces cuando endurecen y hay que rasparlas con espatula. Hice bien en matar a esos polluelos. Si es que la juventud está hechá a perder.

  3. Se rumorea que estas estrellas decadentes van a ser recogidas por Almodovar, que piensa rodar una de vampiros en la Mancha y desangrar las taquillas.

  4. De acuerdo con varias cosillas.
    1. No soporto a las palomas, son ratas que vuelan, feas y emiten esos "ruidos", de los más desagradables que la naturaleza podía otorgar, hace que me asqueen más.

    2. Ni puñetera idea ni ganas de ella, de la película, saga, c.c. ficción para poqueros, emos y demás niñatos que deberían leer un poquito más.

    3. Muy buena apreciación en la imagen de la incrustación de "I", para pedir un besiño.

    Vampiros en la Mancha, juassss, esa si que no me la perdería.

    Saludos!

  5. El romanticismo ñoño de la saga Crepúsculo hace perder interés en la historia, pero supongo que también por eso tiene gancho entre alguna gente.
    Personalmente, me follaría mil veces a la actriz que hace de "Bella" o hasta que la sangre su sexo.

  6. Mmmmm no me gustan las pelis de vampiros… Si acaso lo mas parecido a ello era el conde dracula aquel que salia contando cosas en barrio sesamo XDD
    Un murcielago!!! dos murcielagos!! tres murcielagos!!! XDDD

  7. Esta película superó en algunas cosas a la anterior, pero sin duda explotó más la condiciones físicas de sus actores,veremos que pasa en la tercera parte, tendrá efectos visuales o más tecnología? Saludos, excelente post

  8. estupidos!!!!!!!!!!
    como puden decir eso, se nota que ustedes nunca se enamoraron
    aun lo repito ¡TODOS USTEDES SON IDIOTAS!

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