BOLA DE QUESO: HISTORIA DE UN PORRAZO.

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Connatural a la condición humana es mofarse del dolor ajeno, y prueba de ello es ver a alguien pisar un balón y caer de culo, o ver como se machaca el nervio del codo en el respaldo de la silla. Y es que cuando una hostia se ve venir y, evidentemente, no tiene consecuencias mayores, es inevitable reírse con una buena papuana. Cuanto más reprimes la risa por respeto al pobre cenutrio que se está descuajeringando en el suelo y más mueca de dolor pone éste, más inevitable es aguantarse. Y cuanto más intentamos dejar nuestra mente en blanco, más veces se sucede en nuestra cabeza ese bucle que repite el porrazo una y otra vez. Supongo que ésto le pasa a todo el mundo, pero no debe ser así cuando se te acerca el típico lameluzo y te dice: “Pero hombre, que se ha hecho daño, no te rías”. Este comentario, ineludiblemente, nos lleva al despiporre al no poder aguantar ni un segundo más por culpa de la evidente observación, y a responderle entre sonrisas y balbuceos “Pero si no me estoy riendo”. Justamente ahí es cuando levantas la mirada y encuentras a todo el mundo serio, excepto al típico gañán como tú que se encuentra en la misma situación, y con el cual evitas encontrar la mirada a toda costa, por las jocosas consecuencias que ello podría derivar. “Pues cuando a ti te pase algo, nos reiremos todos de ti”: Que no me entere yo…

Justificaciones aparte de por qué me gustaba tanto Humor Amarillo, voy a contaros la historia de un calamonazo para que entendáis, tanto la reflexión que acabo de exponer, como el Proyecto del Genoma Humano.

Risa

“Que te digo, Francisco, que no me estoy riendo, que son cosas tuyas. Que yo soy un tío muy respetuoso…”

Situemos a unos jóvenes imberbes en las fiestas de la urbanización donde vivimos, y con motivo de ello todos los años sacrificamos tres chotos a los dioses y celebramos varias competiciones deportivas. La que más atención despierta, no sé por qué, es la de bádminton en cueros, muy seguida de cerca por la de fútbol. Centrémonos en ésta segunda, en una categoría infantil en la que los chavales se partían las piernas por ganar una miserable chapa al final del campeonato.

Ni qué decir que por aquellos entonces la serie televisiva más seguida era, junto a Topacio, Oliver y Benji. Aprovecho para rememorar y enaltecer la figura paterna con la que he crecido, el malo del culebrón por excelencia: el Doctor Buitrago, un crack. De la serie sobre Oliver y Aton, ya se ha escrito mucho a raíz de la manera absurda y folletinesca que tuvieron sus creadores de entender este deporte simple (“¡Pero si son once tíos pegándole patás a un balón. Coge un libro y ponte a leer¡”). Así que como chavales que éramos, cuando jugábamos al fútbol, lo vivíamos con la catapulta infernal, con la técnica de la jaula y con la voz grimosa de Benji. En definitiva: flipaícos. Máximo exponente de esta situación era nuestro buen colega Pedro, un vecino de la urbanización que se tomó bastante en serio lo de “el balón es tu mejor amigo”.

Topacio

He buscado una foto del Doctor Buitrago, pero os vais a tener que conformar con los mierdas éstos.

Así que el campeonato de fútbol comenzó y se sucedieron las rondas a trocomocho, hasta que ya en la final se las vieron el equipo de Pedro y el equipo de Primi. Este segundo era un matute que se coló en aquella competición. Como todo lumbrera se habrá dado cuenta, Primi proviene de primitivo, no sólo por el aspecto de verraco que tenía ni por el hecho de que calzar un 51 le otorgaba unos andares rimbombantes y poco ortodoxos, sino también porque se bañaba en la piscina con unos apretados pantalones de atletismo rojos de los de Seul´88, logotipo de Colacao incluido. Para que os hagáis una idea, era como el gordo que sale en Doraemon (mierda de estereotipo y mierda de ejemplo).

El partido fue bastante igualado y ya en los últimos minutos se llegó con empate. Sucedió que Primi tiró un petardazo y coló el balón en la urbanización de enfrente. Así que se propuso aplazar el partido, ya que además estaba oscureciendo y no había focos. Pero Primi no iba a estar dispuesto a que se le jodiera la marrana, así que propuso jugar con su propio balón Bola de Queso. Para que os hagáis una idea, era un balón totalmente blanco, pequeño en comparación con uno de fútbol sala, pesaba muy poco, pero estaba más duro que una magdalena de tres días. De hecho, lo tirabas desde un metro de altura y no botaba, se adhería al suelo, a pesar de lo ligero que era. ¿Os acordáis del típico balón Mikasa que le dabas una patá y te hacía daño, y que si te daba un en el lomo escocía como ascuas? Pues eso era una pelota de Nivea en comparación con Bola de Queso. Vamos, que estaba más duro que una vagina en costra.

Nadal Federer

“Quillo, Nadal, que se me ha ocurrido que si nos quedamos otra vez a oscuras en la final de Wimbledon podemos jugar a las tinieblas”. “Bueno, pero suéltame la teta, suizo transalpino”.

La gente se opuso a utilizar Bola de Queso, ya que jugar al fútbol con eso era imposible y bastante doloroso. Pero Primi impuso sus ideas con cierta elegancia, y con amenazas de muerte. Así que los minutos finales se disputaron. El fútbol que se practicó fue de chichinabo, ya que cada toque de balón era celosamente estudiado y con excesivo cuidado en conservar las supravaloradas uñas de los pies. Los porteros dejaban pasar el balón en la portería sin regomello alguno, por miedo a sufrir amputaciones y desmembramientos. En fin, un chou.

Bola de queso

El terrible balón Bola de queso ha provocado varias guerras y hambrunas, dos apagones en la Gran Manzana, tres Estados de Sitio y ha sido utilizado como cabeza nuclear por el régimen norcoreano.

Ya en el último minuto, Primi coge el balón al borde del área del equipo contrario, levanta su barcaza para chutar e intentar meter al portero en la portería. Y aquí es donde todos abrimos los ojos como platos, la Tierra deja de girar, y nos preguntamos “¿Qué está pasando aquí?”. Y es que justo en ese momento arranca una carrera de 10 metros por parte de Pedro, tira de pundonor para saltar como un gamo de cara a la portería y de espaldas al balón, y así interponerse en la trayectoria del mismo, exclamando una frase que sacaría de Bola de Dragón, de los Caballeros del Zodiaco, o de no sé qué pájaros:

¡¡¡NOOOO, YO LO IMPEDIREEEEE¡¡¡¡¡

Como os decía antes: Flipaícos. E impedir, impidió el gol. Creo que lo que pasó por su mente es que estaba parando una onda vital o algo así. Pero la realidad fue peor, porque lo que paró fue a Bola de Queso con el cogote, y eso tiene sus consecuencias. No sé si el balonazo le afectó al bulbo raquídeo o al cerebro, pero el bocazo que dio contra el suelo después de salir bamboleao fue menúo. Copón, si tuvieron que despegarle con espátula la barbilla de la pista. Un hocicazo en toda regla.

Hostia de boca

“¿Que me vas a hacer el feo de bajarte del coche e irte andando? ¡No, yo lo impediré¡”

Y aquí acabó el partido, todas las niñas se fueron llorando detrás de su querido Pedro, Primi se fue a un rincón a llorar desconsolado tras ser tachado de ogro, matute y garrulaco, y Pedro acabó con varios puntos en la barbilla.

En el momento, con tanta sangre por el suelo, reconozco que no tuvo tanta gracia y eso, pero cada vez que veo que en el momento clímax de una película un personaje se interpone en la trayectoria de una flecha o una bala para sacrificar su vida en pos de una persona amada, me acuerdo del “No, yo lo impediré”, y no puede evitar descojonarme. La gente, claro está, me mira con cara de asco arrollador y me tacha de insensible, y yo les digo: “Pero si no me estoy riendo”. Y ya no sé qué más contaros. Fin.

Otra deleznable entrada de V de Panceta

8 Comments

  1. Por eso soy partidario de jugar al fungol con la típica pelota de papel de plata lía con cinta.
    El acto de sacrificio de Pedro merecia un post sin duda, suponemos que el hombre estará ahora parando huevos dirigidos a Paco Porras, que gran hombre.

  2. Lo que el susodicho Pedro hizo fue una clara maniobra Bruce Harper .Posiblemente lo primero que diría entre sollozos tras la ostia sería "lo..lo..he conseguido Oli ,lo he parado…"

  3. Tienes toda la razón, que buenos momentos hemos pasado a costa de la desgracia ajena. Es de hijoputas, pero uno no se puede resistir a la tentación.

  4. El comentario de la última foto me ha matao. ¡qué rato más bueno! ¿os habéis fijao en la influencia que han tenío Oliver y Benji en el peinao de los japos? ¡que alguien les explique que eran dibujos, que sobre ellos la gravedad no actúa…!

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